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Realidad, ficción y tragedia en el teatro de Federico García Lorca y Max Aub

El 7 de septiembre de 2017 en Biblioteca, Club de lectura por | 4 Comentarios

Max_Aub_VaylonEs sabido que Federico García Lorca fue una figura central de la literatura española del siglo XX, no solo como poeta, sino también como dramaturgo de enorme influencia en el desarrollo del género dramático posterior. Su gran talento consistía en su capacidad de retomar temas clásicos y darles un desarrollo y una intención totalmente nuevos.

Su experiencia en la compañía de teatro universitaria La Barraca fue determinante en su carrera como dramaturgo: primero, porque le permitió profundizar su conocimiento del teatro clásico; segundo, porque lo convenció de escribir sus propias tragedias. «Hay que volver a la tragedia» decía, «nos obliga a ello la tradición de nuestro teatro dramático. Tiempo habrá de hacer comedias, farsas. Mientras tanto, yo quiero dar al teatro tragedias». Y fue a través de la tragedia que dio a conocer al mundo su talento y su inquietud por los problemas sociales de la época, dando lugar a poderosas combinaciones de realidad y ficción. El resultado fueron obras de la talla de Bodas de sangre, Yerma y La casa de Bernarda alba, pertenecientes a su conocida «trilogía rural».

La generación literaria de Lorca dio lugar a otros grandes dramaturgos como Max Aub, autor de las piezas de teatro breve que comentaremos el día 9 de septiembre en el club de lectura de la Biblioteca Federico García Lorca, dentro del programa del festival Vive México.

La tragedia también estuvo presente en las obras de Aub, pues su vida estuvo marcada irremediablemente por tres guerras (las dos guerras mundiales y la Guerra Civil española), tres años de encarcelamiento y muchos más años de exilio. Inspirado por estos trágicos acontecimientos, Aub destacó en eso del arte de «la broma triste». Prueba de ello fue su última broma literaria, titulada El teatro español sacado a la luz de las tinieblas de nuestro tiempo. Dicho texto es en realidad un discurso de su imaginario ingreso en la Academia Española en el año 1956, en donde reflejó la España que podría haber existido de no haber tenido lugar la guerra civil que la destruyó.

Esta broma literaria no es más que otra poderosa combinación de realidad y ficción con un trasfondo trágico, con la que demostró,una vez más, que también él poseía ese gran talento. Prueba de su talento son también los textos que comentaremos en nuestro club de lectura, donde contaremos con la presencia de Miguel Vaylón, especialista en la obra de este autor.

Texto: Esther Miranda.

Lecturas programadas durante el tercer cuatrimestre de 2017 (Sábados a las 10:30):

9 de septiembre. Cinco obras de teatro breve de Max Aub (con el autor de la edición crítica Miguel Vaylón). (Reserva ahora).
14 de octubre: Cuentos de Eva Luna, de Isabel Allende.
11 de noviembre: Me equivoqué de mundo (con el autor Miguel Figueras).
9 de diciembre: Cuentos a los cuarenta, de Laura Freixas.

Sesiones moderadas por David Carrión, jefe de biblioteca.

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4 comentarios a «Realidad, ficción y tragedia en el teatro de Federico García Lorca y Max Aub»

  1. pablo dice:

    Para beneplácito de asistentes y/o lectores del blog del club de lectura
    del Cervantes, no logré asistir a las reuniones anteriores por razones ajenas…
    ajenas a Uds. Pero la desgracia no desaparece así nomás y es así que aquí estoy
    de vuelta para aburrir con comentarios inútiles como éste… 
    inútiles como éste que esto escribe.

    Ehh… bueno Max Aub.
    La reunión del sábado 9 de septiembre se comentó sobre
    tres obras de Max Aub. Obras cortas de teatro:
    “Transito”
    “A la deriva” y
    “Comedia que no acaba”

    Esta vez con la presencia de Miguel Vaylón, editor de la edición crítica :
    “Cinco obras del teatro breve” de Max Aub.

    (“maquis”, como bien decía el compañero, proviene del
    nombre del un arbusto, por donde se escondían los partisanos
    republicanos)

    Debo confesar que no he leído, con la debida atención, las obras.
    Voy a tratar de leerlas, pues nobleza, ombliga…..
    (“ombliga”: del nuevo verbo, ombligar.
    Dícese de la acción del supuesto sujeto noble
    que actúa únicamente mirándose el ombligo)

    Suele suceder que cierto tipo de manifestación artística,
    escapa al paladar, al campo de visión, o al gusto nomas
    de algunas personas.
    Es mi caso con el teatro, digo, “leer teatro”.
    Las órdenes escenográficas entremezcladas con los diálogos
    de los personajes, sobrepasan la capacidad de procesamiento
    del cerebro. Si una escena requiere oscuridad y sólo un foco de luz
    circular alrededor del personaje en acción, saltan a mi cabeza
    preguntas maniáticas como: ¿quien prende la lamparita?
    ¿cual es el diámetro del círculo de luz? ¿el foco debe estar arriba?
    ¿y donde está la cuarta pared?, etc….

    Bah!… excusas para retrasar el meollo que nos convoca.

    Hablábamos de Max Aub…. la reunión del sábado,
    con ausencias notables pero con fieles seguidoras,
    estuvo activa, digamos, rara. Eso de leer en voz alta
    y “escenificar” algunos párrafos fue refrescante,
    (aún más para David y Miguel, creo) :oP

    Se habló la vigencia de estas obras.
    Miguel Vaylón nos comentó que algunas obras
    de Aub fueron revisitadas en Chile y que él mismo
    estuvo a cargo de asesorar las puestas en escena.

    Yuki san señaló el carácter político de las obras,
    Y por lo que logré entrever en la reunión, por los comentarios de los
    que sí leyeron las obras y creo que allí está el quid de la vigencia
    del teatro de Max Aub.
    Aún hoy, en el planeta todo, nos tenemos que preguntar
    ¿qué es lo que anda mal? ¿porqué seguimos sin aprender?.
    Y digo, no hay que ser político para hacer política,…
    Max Aub sigue firme a unos pasos detrás o delante
    de nosotros, con gambetas de corte político,
    preguntándonos o preguntándose trágicamente
    ¿y cómo hacemos para seguir viviendo, juntos? …..
    ¿porqué seguimos padeciendo las consecuencias de
    la estupidez o la maldad? etc.
    Deberían ser preguntas más asiduas, pero entre
    tanto “ruido” y “luces” seguimos obnubilados y encandilados…..
    y nada…. con suerte estamos con tiempo para decidir
    la cena de esta noche ( si es que hay cena)….

    …. este comentario se autodestruirá en siete segundos…..

    ¿mmmhhh?
    ¿sigue impune? ¿publicado?

    (ahhh… la ignorancia y la maldad no se autodestruyen….
    hay que combatirlas…… mmmm….
    A ver si alguien, por piedad o heroísmo, responde
    a este comentario y nos aclara el lodazal….)

    Digo, hay tres obras de teatro para comentar….
    así que un poco de sensatez no estaría nada mal, che.

  2. David dice:

    ¡Querido Pablo!

    Qué bien ver que has regresado en plena forma. ¡Y además regalando neologismos! Me encanta eso de «ombligar» (o incluso «ombliguear»). Son (o somos) tantos en el mundo los que no dejamos de mirarnos el ombligo (nobles y menos nobles) que creo que tu nueva palabra triunfará en el diccionario.

    En cuanto a las obras, decir de nuevo que disfruté mucho con la lectura de Max Aub y con vuestros comentarios. Para mí, la mejor de las tres la primera: «Tránsito». Y desde luego que es una obra que sigue vigente, porque más allá del contexto político en el que se escribió y al que hace referencia concreta, el ser humano no puede dejar de preguntarse si es mejor renunciar a los ideales, rendirse, olvidar el pasado, comenzar una nueva vida, o si es necesario resistir, seguir en la lucha, mantener la esperanza. ¿Es lo primero traicionar o evolucionar?, ¿es lo segundo renunciar a ver la realidad, estancarse, o es una muestra de valentía? No creo que haya una respuesta clara para estas preguntas. ¿No te parece?
    Saludos y hasta pronto,
    D.

  3. pablo dice:

    Escribo los encabezamientos de las obras de teatro que comentamos este mes,
    y que logré terminar de leer esta semana….

    Tránsito

    Una habitación cualquiera, de noche. En México, en 1947.
    En la cama duermen Emilio y Tránsito. Emilio se mueve.

    A la deriva

    Cuarto de un hotelucho. Es de noche y en París, víspera de la guerra del treinta y nueve.
    Al levantarse el telón no hay nadie en escena. Una luz amarillenta se filtra sin fuerzas
    por la ventana. Todo es triste: los enseres, el papel rameado de la habitación.
    Quizá llueve.
    La puerta se abre y deja paso a una mujer de la calle, seguida por un hombre.

    Comedia que no acaba

    Una alcoba. Ventana abierta por la que entra un aire suave, que hace menearse
    unas ligeras cortinas. Está amaneciendo. Acostados, sin que el público
    los vea –escondidos como lo están por los pies de la cama-,
    hablan Franz y Anna. De sus voces frescas se desprende su juventud.
    En Alemania, en 1935

    Gracias, David, digo, porque otra vez me sentía un poco solo,.. je :o)

    Y no hay caso, leer teatro me supera…. (debe ser que imagino que estoy
    siendo uno de los actores y me veo en escenario,…. y eso debe ser feo…)
    Digo, siendo como es, una obra de teatro tiene su fatal destino en ser
    puesta en escena. O sea, leer teatro es algo un poco “incompleto”.
    Podemos hacer una comparación (sin homologar) con una partitura
    de música. Aunque la partitura siga siendo la mismísima, la ejecución
    puede destruir hasta la más sublime obra, o al revés (asunto complicado,
    pero posible…).
    Un absoluto lego en las artes escénicas se queda a medio camino en el
    trato con una lectura de obras de teatro.
    Solo me queda o la emoción o el contenido histórico o la sospecha
    de haber entendido algo de lo que el autor puso en letras algo que
    va a ser actuado. De las infinitas posibilidades que se abren a tratar
    de ponerla en escena, las “libertades” de los actores, etc.

    Solo eso, me cuesta mucho leer teatro.
    (tal como me pasa con el ballet o los musicales (el Takarazuka es la
    cúspide de mi impaciencia)….je!,…. (seguro que aquí no estoy solo)

    a ver si logramos que alguien escriba, para no seguir tan solos….
    (no hace falta ser partícipe directo del club del Cervantes, creo….
    Le preguntamos a David si pueden escribir los que no participan
    directamente en el club de lectura de los sábados del Cervantes….)
    (mi sentido común me dice que pueden…… )

    pablo

  4. pablo dice:

    Estoy de acuerdo.
    “Tránsito” es la obra que más me gustó de las tres que leímos.
    Los personajes, los tiempos y ese lugar, un español en México 1947, bien pueden ser un chileno en España 1977, un argentino en Venezuela
    1981, un servo-croata en Italia 1999, y podemos seguir hasta nuestros
    días,…. por desgracia, ejemplos sobran.
    Hubo comentarios acerca de los nombres de los personajes que, por supuesto David y Miguel enfocaron la “intención” de Max Aub al elegir
    esos nombres…..
    Me costó asimilar que los personajes femeninos tuvieran nombres
    que en mi país son más bien nombres masculinos…
    “Tránsito” es para mi un nombre de hombre, porque tenemos
    un músico folklórico enooorme que se llama Tránsito Cocomarola,
    y eso no me lo saca nadie de la cabeza..
    Y “Cruz”….. no conocí ninguna mujer con ese nombre…..

    Pero bueno, el asunto no es ese, sino el significado de “esos” nombres….
    Tránsito… como estar de paso, o algo pasajero. O por el contrario
    si se és eterno peregrino, tránsito será su estado permanente,
    o sea queda, en el lector-espectador la interpretación del “mensaje”
    implícito en el título “Tránsito” y el nombre del personaje femenino
    “Tránsito” ……

    Y “Cruz”,… bueno en la cultura cristiana sabremos dos o tres cosas
    a cerca de ese nombre. Lo dejo como tarea para el hogar para aquellos cuya educación no fue católica o religiosa cristiana…..

    Bueno, era solo eso,…. que los nombres elegidos por un autor al crear sus personajes, casi nunca son casuales.

    pablo

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