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De Japón a España pasando por Acapulco: Breve relato de los orígenes de las relaciones entre España y Japón (2ª parte)

Hasekura_en_RomaEn la anterior entrada de nuestro blog, habíamos dejado al samurái Hasekura y a fray Luis Sotelo partiendo desde Nueva España (México) a España, para reunirse con el monarca español Felipe III y el Papa Paulo V.

Nuestros viajeros llegaron a Sanlúcar de Barrameda el 5 de octubre de 1614, donde fueron recibidos por el Duque de Medina Sidonia. Posteriormente, pasaron por Sevilla, Coria del Río, Córdoba y Toledo, donde se rindió homenaje a la exótica embajada. Finalmente, llegaron a Madrid y fueron recibidos por el Rey Felipe III.

Hasekura y fray Sotelo solicitaron al rey una alianza comercial con España, así como el envío de un número mayor de franciscanos que ayudasen en el proceso evangelizador de Japón. El samurái Hasekura, además, fue bautizado ante los reyes, adoptando el nombre cristiano de Felipe Francisco. Fray Sotelo, por su parte, solicitó también ayuda económica para llegar hasta Roma, una ayuda que le fue concedida tras permanecer ocho meses en la corte.

La comitiva pasó por Zaragoza, se embarcó en Barcelona rumbo a Génova, y en octubre de 1615 llegó a Roma. El Papa Paulo V, al recibirlos, se mostró favorable a todas las peticiones que se le presentaron. Sin embargo, no quiso comprometerse y dictaminó que la decisión última correspondía al Rey de España.

Mientras tanto, en Japón había muerto Tokugawa Ieyasu, un hecho que cambió toda la situación política y económica en el país del sol naciente. Las noticias acerca del empeoramiento de la situación de los cristianos en aquel país, donde se habían recrudecido las persecuciones contra ellos, no cesaban de llegar a Europa.

En esas circunstancias, en enero de 1616, la embajada partió de regreso hacía España, y de camino a la Corte de Madrid, se le hizo saber, por medio de una carta, que sus peticiones no serían atendidas. Todavía en Sevilla, el samurái Hasekura y Fray Sotelo volvieron a hacer un último esfuerzo enviando varias cartas al cardenal Borghese, al Papa y al Rey, pero fue en vano.

El 4 de julio de 1617, ambos embarcaron rumbo a Nueva España y llegaron a Manila en 1618. Hasekura no obtuvo hasta 1620 permiso para regresar a Japón, momento en el que cesan las noticias sobre el samurái, que morirá en 1622 sin que se sepa con seguridad la causa de su muerte.

Fray Sotelo, a pesar del recrudecimiento del trato a los cristianos en Japón, regresará en 1622 disfrazado de comerciante, pero poco después será apresado y quemado vivo en Omura, cerca de Nagasaki, en 1624.

En definitiva, todo este periplo de casi diez años no llegará a cumplir sus objetivos principales, un pacto comercial entre Japón y España y una mayor colaboración en la difusión del cristianismo en Japón, pero supondrá el primer contacto diplomático entre dos tierras tan lejanas.

En la actualidad, sin embargo, podemos encontrar evidencias y rastros de aquella aventura. Se conservan cartas y documentos en archivos de varios países, e incluso cuadros en los que podemos ver a Hasekura vistiendo al estilo occidental. Incluso en España, en lugares como Coria del Río, se mantiene hasta la actualidad el apellido Japón, que probablemente tuvo su origen en esta primera embajada.

Texto: Hugo Palacín Jordán.

Bibliografía consultada

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