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Instituto Cervantes de Tokio

Blog sobre nuestros cursos de español y las actividades culturales

Un naufragio, trescientos abrazos y un reloj

En 2018, España y Japón celebran el 150 aniversario del establecimiento de relaciones diplomáticas. En entradas anteriores, ya hemos tratado de los orígenes de estas relaciones. Incluso mencionamos de pasada un accidente, más concretamente un naufragio, en el que nos centraremos hoy.

Corría el año 1603 cuando,  tras un periodo de guerra civil en Japón, Ieyasu Tokugawa unificó Japón y trasladó la capital del país a Edo (actual Tokio), dando así nombre a un periodo que duraría más de dos siglos.

En aquella época, el imperio español poseía importantes bases en Filipinas, siendo la de Manila una de las más conocidas. Por esta razón, era frecuente el tránsito de barcos españoles por los mares de Asia. Así, en 1609 tres galeones con los nombres de San Francisco, Santa Ana y San Antonio salieron desde las islas Filipinas rumbo a Nueva España (actual México).

Debido al mal tiempo, el San Francisco tuvo que separarse de los dos anteriores, con la mala suerte de que el 30 de septiembre, tras fuertes tormentas, el galeón acabo naufragando cerca de la costa de Kanto, concretamente en la costa de Iwawada, situada en Onjuku, un pueblo costero de la prefectura de Chiba.

De las 373 personas que viajaban a bordo del barco, 56 murieron. Sin embargo, los otros 317 tripulantes fueron rescatados y atendidos por los 300 aldeanos de Iwawada. Las «ama» de la localidad (mujeres pescadoras buceadoras) rescataron a estos supervivientes que, debido a la baja temperatura del agua y probablemente al estrés de la situación, estaban temblando.  Según algunas fuentes, ellas fueron las que salvaron realmente a los náufragos, dándoles calor y protección con su piel desnuda. De ahí que a este episodio se le haya denominado, en ocasiones, como «el naufragio de los abrazos».

Después de tan terrible accidente, a los náufragos se les permitió vivir en el templo de Omiya, cercano al pueblo de Iwawada, donde pasaron los siguientes 37 días. Pasado este tiempo, Rodrigo de Vivero, exgobernador de Filipinas y pasajero en el barco siniestrado, recibió permiso para visitar al shogun, Hidetada Tokugawa, en Edo, y tras él a su padre, Ieyasu Tokugawa, en Sunpu. Por esta razón, Don Rodrigo decidió quedarse en Japón y no proseguir su viaje hacia Nueva España en el galeón Santa Ana.

En su reunión con el shogun, se discutieron varios asuntos de diplomacia. Don Rodrigo solicitó protección y libertad para los religiosos cristianos presentes en Japón, reiteró la necesidad de mantener y fomentar la amistad entre el rey de España y el rey de Japón y, en tercer lugar, pidió al shogun que expulsara a los holandeses, enemigos en ese momento de la corona española, de Japón.

El mandatario japonés accedería a cumplir las dos primeras peticiones. Sin embargo, no aceptó el tercer punto, dado que ya tenía un acuerdo previo con los holandeses. Después, ofreció una nave a Rodrigo de Vivero para que este pudiera continuar su viaje hacia Nueva España, con la única petición de que trajera mercaderes para abrir una ruta comercial entre los dos países.

Rodrigo de Vivero aceptó el navío que se le ofrecía con la condición de que estuviera listo en un año, comenzando así una actividad negociadora que derivaría en nuevas relaciones entre España y Japón.

Así pues, acompañado por 23 representantes japoneses y el padre franciscano Alonso Muñoz, Rodrigo de Vivero zarpó de la costa de japón en el galeón San Buenaventura en agosto de 1610 y llegó a Nueva España (México) a finales de octubre. Esta expedición sería la predecesora de la que en 1614 recalaría  en Coria del Río, un tema del que hemos hablado en una entrada anterior.

Rodrigo de Vivero se quedaría en Nueva España, pero Alonso Muñoz continuó su viaje hacia la corte en Madrid, comenzando así una serie de intercambios entre estos dos países.

Al ser informado el rey español, Felipe III, de cómo habían sido tratados los náufragos españoles por el pueblo y las autoridades japonesas, el monarca envió un barco de regreso a Japón, comandado por Sebastián Vizcaíno, a quien la posteridad consideraría como el primer embajador español en Japón.

En 1611, la embajada española llegaba a las costas de Uraga. A través de Sebastián Vizcaíno, el rey español enviaba varios regalos a Ieyasu Tokugawa. De todos ellos, el más famoso hasta nuestros días es el que se considera como el primer reloj mecánico de Japón, que se conserva en el santuario sintoísta Kunozan, a unos 170 kilómetros de Tokio. Un reloj fabricado por Hans de Evalo, relojero del rey español, en el año 1581.

Para profundizar en la historia del naufragio del galeón San Francisco, merece la pena ver el documental Del naufragio a la amistad realizado por Gonzalo Robledo, disponible en la biblioteca del Instituto Cervantes de Tokio.

Texto: Juan Manuel Gago Braulio.

De Japón a España pasando por Acapulco: Breve relato de los orígenes de las relaciones entre España y Japón (2ª parte)

Hasekura_en_RomaEn la anterior entrada de nuestro blog, habíamos dejado al samurái Hasekura y a fray Luis Sotelo partiendo desde Nueva España (México) a España, para reunirse con el monarca español Felipe III y el Papa Paulo V.

Nuestros viajeros llegaron a Sanlúcar de Barrameda el 5 de octubre de 1614, donde fueron recibidos por el Duque de Medina Sidonia. Posteriormente, pasaron por Sevilla, Coria del Río, Córdoba y Toledo, donde se rindió homenaje a la exótica embajada. Finalmente, llegaron a Madrid y fueron recibidos por el Rey Felipe III.

Hasekura y fray Sotelo solicitaron al rey una alianza comercial con España, así como el envío de un número mayor de franciscanos que ayudasen en el proceso evangelizador de Japón. El samurái Hasekura, además, fue bautizado ante los reyes, adoptando el nombre cristiano de Felipe Francisco. Fray Sotelo, por su parte, solicitó también ayuda económica para llegar hasta Roma, una ayuda que le fue concedida tras permanecer ocho meses en la corte.

La comitiva pasó por Zaragoza, se embarcó en Barcelona rumbo a Génova, y en octubre de 1615 llegó a Roma. El Papa Paulo V, al recibirlos, se mostró favorable a todas las peticiones que se le presentaron. Sin embargo, no quiso comprometerse y dictaminó que la decisión última correspondía al Rey de España.

Mientras tanto, en Japón había muerto Tokugawa Ieyasu, un hecho que cambió toda la situación política y económica en el país del sol naciente. Las noticias acerca del empeoramiento de la situación de los cristianos en aquel país, donde se habían recrudecido las persecuciones contra ellos, no cesaban de llegar a Europa.

En esas circunstancias, en enero de 1616, la embajada partió de regreso hacía España, y de camino a la Corte de Madrid, se le hizo saber, por medio de una carta, que sus peticiones no serían atendidas. Todavía en Sevilla, el samurái Hasekura y Fray Sotelo volvieron a hacer un último esfuerzo enviando varias cartas al cardenal Borghese, al Papa y al Rey, pero fue en vano.

El 4 de julio de 1617, ambos embarcaron rumbo a Nueva España y llegaron a Manila en 1618. Hasekura no obtuvo hasta 1620 permiso para regresar a Japón, momento en el que cesan las noticias sobre el samurái, que morirá en 1622 sin que se sepa con seguridad la causa de su muerte.

Fray Sotelo, a pesar del recrudecimiento del trato a los cristianos en Japón, regresará en 1622 disfrazado de comerciante, pero poco después será apresado y quemado vivo en Omura, cerca de Nagasaki, en 1624.

En definitiva, todo este periplo de casi diez años no llegará a cumplir sus objetivos principales, un pacto comercial entre Japón y España y una mayor colaboración en la difusión del cristianismo en Japón, pero supondrá el primer contacto diplomático entre dos tierras tan lejanas.

En la actualidad, sin embargo, podemos encontrar evidencias y rastros de aquella aventura. Se conservan cartas y documentos en archivos de varios países, e incluso cuadros en los que podemos ver a Hasekura vistiendo al estilo occidental. Incluso en España, en lugares como Coria del Río, se mantiene hasta la actualidad el apellido Japón, que probablemente tuvo su origen en esta primera embajada.

Texto: Hugo Palacín Jordán.

Bibliografía consultada

De Japón a España pasando por Acapulco: Breve relato de los orígenes de las relaciones entre España y Japón. Parte 1.

Hasekura orando, tras su conversión al cristianismo en Madrid en 1615.Durante 2018, España y Japón celebran el 150 Aniversario del establecimiento de relaciones diplomáticas. Unas relaciones que se remontan a 1868, año en el que se firmó el Tratado de Amistad, Comercio y Navegación entre ambos países. Sin embargo, la primera embajada japonesa que llegó a España lo hizo mucho antes. Su peripecia se remonta al año 1614, hace algo más de 400 años.

En aquellos no tan lejanos tiempos, los cambios internos que estaba viviendo Japón, el incremento de los intercambios comerciales en el océano Pacífico y los intentos de evangelización cristiana en Japón, invitaban a realizar este tipo de aventuras. Un contexto que, en parte, quedó reflejado en la película Silencio de Martin Scorsese, aunque en esta ocasión los protagonistas fuesen dos jesuitas portugueses.

A comienzos del siglo XVII, Tokugawa Ieyasu ponía fin a años de enfrentamientos entre los diferentes daimyos japoneses, constituyendo un régimen de tipo feudal. Por aquel entonces, el imperio español tenía una importante base comercial en Manila (Filipinas), cuyas corrientes marítimas obligaban a las naves a pasar junto a Japón en los trayectos de vuelta a Nueva España (México). De hecho, en 1609, cuando el Gobernador interino de Filipinas, Don Rodrigo Vivero y Velasco, regresaba desde Manila hacia México, naufragó en la costa de Onjuku. (¿Has oído hablar alguna vez del naufragio de los abrazos?)

Este incidente supuso una oportunidad para entablar relaciones comerciales entre Tokugawa Ieyasu, su hijo Hidetada y el Bákufu (gobierno o administración) con el Virreinato de Nueva España, a través de Don Rodrigo. Ya en esta primera ocasión, fue un franciscano que se encontraba en Japón, fray Luis Sotelo, quién sirvió de intérprete para las negociaciones.

Al mismo tiempo, España preparaba una expedición por orden del Rey Felipe III con la intención de descubrir las legendarias islas de oro y plata al este de Japón. Para ello, el virrey de México enviaba al general Sebastián Vizcaíno, que llegaría a la corte de Edo en 1611. Nuevamente, fue fray Luis Sotelo el intérprete de este encuentro.

Es en este momento cuando se pone en marcha el proyecto de llevar una embajada japonesa hasta Nueva España, España e Italia, con los objetivos de negociar con el propio monarca español los términos de un tratado comercial y, por otro lado, de solicitar al Papa de Roma más apoyo para las misiones evangelizadoras en Japón, aunque este último punto, según los historiadores, parecía responder más a las demandas de fray Sotelo, que a un verdadero interés por parte japonesa.

Tokugawa Ieyasu delegó el comando de esta misión en Date Masumune, señor del feudo norteño de Oshû, que se encargaría de construir la nave para llegar hasta Nueva España y elegiría al samurái Hasekura Rokuyemon Tsunenaga como embajador de la misión. Casualmente, el barco del general Sebastián Vizcaíno, enviado, como decíamos antes, por Felipe III, había sufrido graves daños durante sus viajes de exploración por el archipiélago japonés, por lo que el general tuvo que acceder a colaborar con el proyecto para poder regresar a Nueva España.

Dos años más tarde, en octubre de 1613, el samurái Hasekura Rokuyemon Tsunenaga junto a su comitiva, formada por unos 150 comerciantes japoneses y su traductor, fray Luis Sotelo, y el general Vizcaíno con su tripulación, zarparon rumbo a Acapulco, ciudad a la que arribaron en enero de 1614. Allí, la comitiva japonesa protagonizó, según las crónicas, una considerable trifulca con los españoles que se encontraron, viéndose obligado a intervenir el propio alcalde mayor de la ciudad.

Poco después, a su llegada a la ciudad de México, tendrían que exponer ante el virrey, el arzobispo de México y la Inquisición, los motivos de su viaje hasta España. Tras un tiempo, se les concedió el permiso solicitado para viajar. Así, el samurái Hasekura Rokuyemon Nagatsune, fray Luis Sotelo y 30 hombres más, embarcaron por fin rumbo a España desde el puerto de Veracruz. El resto de la comitiva volvió a Acapulco para esperar su regreso…

Lo que sucedió después, lo sabremos en la segunda parte de este relato.

Texto: Hugo Palacín Jordán

Bibliografía consultada

España y Japón firman el acuerdo ‘Working Holiday’

El día 5 de abril, los Gobiernos de España y Japón suscribieron el Programa de vacaciones y actividades laborales esporádicas (más conocido como Working Holiday), que entró en vigor el pasado 1 de julio.

¿Qué es el Working Holiday? Se trata de un acuerdo bilateral por el cual se ofrece a los jóvenes unos visados, de expedición gratuita, que les permite disfrutar de una estancia vacacional de un máximo de un año en el país de la otra parte. También tienen la posibilidad de desarrollar actividades laborales, para cubrir los gastos del viaje, sin necesidad de un visado de trabajo y bajo la regulación del país receptor.

No sólo empleo, también se permiten las actividades académicas temporales, las actividades de voluntariado no remuneradas y las prácticas empresariales no remuneradas.


Cabe reiterar que la finalidad principal del viaje será vacacional, por lo que el empleo y todas las demás actividades previstas debe ejercerse de manera esporádica. Además, no se permite la participación en negocios regulados bajo la Ley de Control y Mejora de Negocios de Entretenimiento, es decir, negocios de entretenimiento para adultos, como actividades relativas juegos de azar y apuestas o de contenido sexual.

La finalidad de este programa sería ofrecer a los jóvenes de los países parte la oportunidad de conocer la cultura y la forma de vida del otro país, fomentando así la comprensión mutua y las relaciones entre los dos países. De hecho, el acuerdo fue firmado por el ministro de Relaciones Exteriores, Alfonso Dastis, y su homólogo japonés, Fumio Kishida, con motivo de la primera visita de Estado de los Reyes Felipe VI y Letizia a Japón.

El acuerdo puede consultarse en la Disposición 5115 del BOE, donde se recogen los requisitos para los solicitantes: tener entre 18 y 30 años de edad; tener la intención de permanecer en el otro país con un fin vacacional; tener la intención de abandonar el país de destino al término de la estancia; disponer de fondos suficientes para asumir los gastos durante el inicio de la estancia; poseer billetes de ida y vuelta; contar con un pasaporte válido; no ir acompañado de personas dependientes; no haber obtenido previamente un visado de este tipo; acreditar buena salud con un certificado médico; manifestar la intención de someterse a la regulación del país de destino.

No son requisitos necesariamente altos, pero lo que sí podría suponer un problema es el número máximo de expediciones: aunque se prevé que para España el límite sea de 500 visados anuales, para 2017 el cupo es de 250 visados, de forma que los interesados debería iniciar el procedimiento de tramitación lo antes posible.

Texto: Laura Consuegra

Gonzalo Jiménez de la Espada, un español en el Japón de la Era Meiji

Cuentos del Japón viejoEn 1907, un intrépido salmantino viajó a Japón junto con su esposa y su hijo recién nacido, tras ser aceptado para una plaza de profesor de español ofrecida por el gobierno japonés. En aquellos años, Japón estaba inmerso en un proceso de transformación y modernización que se había iniciado tras la Restauración Meiji, en 1868. Por ello, el gobierno japonés consideraba fundamental el estudio de las ciencias occidentales y puso especial empeño en contratar profesores europeos.

De esta manera, Gonzalo Jiménez de la Espada, que así se llamaba nuestro protagonista, impartió clases a lo largo de diez años en la Escuela de Lenguas Extranjeras de Tokio (conocida actualmente como la Universidad de Estudios Extranjeros de Tokio – TUFS).

Durante ese período, Jiménez de la Espada contó con varios discípulos japoneses. El entusiasmo de estos estudiantes llevó más tarde a Hirosada Nagata (1885-1973) a iniciar la primera traducción directa del Quijote. En aquel tiempo, ya existían traducciones del Quijote pero estas se habían realizado desde el inglés, el francés y el alemán al japonés. Sus autores eran Shimamura Hōgetsu (1871-1918) y Katagami Noboru (1884-1928).

Hirosada Nagata comenzó esta labor de traducción desde el español, pero solo alcanzó a poner en japonés una parte de la obra. Posteriormente, un discípulo destacado de Nagata, Masatake Takahashi (1908-1984) continuaría esta traducción hasta su finalización en 1977. Así pues, Nagata junto con otro discípulo de Jiménez de la Espada, Shizuo Kasai (1895 – 1989) fueron los precursores del hispanismo en Japón.

Gonzalo Jiménez de la Espada también realizó una importante labor como traductor. En esta faceta, cabe destacar su traducción de la obra de Inazo Nitobe (1862-1933), Bushido: El alma de Japón, (Madrid: Editorial Daniel, 1909), o las traducciones de cuentos tradicionales japoneses recogidos en Cuentos del Japón viejo (Madrid: Langre, 2009) y Leyendas y narraciones japonesas (Madrid: Langre, 2013).

Estos dos libros recogen un total de veinte narraciones tradicionales japonesas que fueron publicadas en 1914 por Takejiro Hasegawa. En estos cuentos, podemos apreciar las costumbres y el carácter japoneses así como la imagen que el Japón de la era Meiji quería transmitir al exterior.

Texto redactado por: Kinue Tsubata Maestre

 

Referencias consultadas:
Baquero Cruz, J. y J. Pazó Espinosa. Epílogo. Cuentos del Viejo Japón. Por Gonzalo Jiménez de la Espada. Madrid: Langre, 2009. III – XV.
http://www.elpulso.es/entrevista-con-jose-pazo/
http://www.elimparcial.es/noticia/38371/mundo/gonzalojimenez-de-la-espada-emisario-cultural-de-primera-categoria

El Instiuto Cervantes en el Kaigai Manga Festa

El próximo 15 de noviembre se celebrará el Kaigai Manga Festa (海外マンガフェスタ), en el que el Instituto Cervantes de Tokio estará muy presente con una muestra de la amplia producción de cómic y novela gráfica que se produce en España.

Japón es conocido en todo el mundo por su afición al manga. Una de las primeras cosas que sorprende a los españoles que llegan al país del sol naciente es el elevado número de personas de toda edad y condición que llenan los vagones de metro leyendo este tipo de literatura en papel, en su teléfono móvil, o en cualquier otro soporte. En definitiva, impresiona la importancia de la industria del cómic y cómo este forma parte de la vida cotidiana japonesa.

En España, la afición a los cómics no es tan grande, si bien en los últimos años su consumo está creciendo de nuevo. Decimos de nuevo porque hace décadas las historietas o tebeos eran una de las formas de entretenimiento más populares, sobre todo para el público más joven.

Se podría decir que hubo una «edad de oro» del cómic español desde 1940 hasta 1980. Algunas revistas importantes eran Pulgarcito, Mortadelo, DDT, Lily y, sobre todo, TBO (de su nombre procede la palabra «tebeo»). Personajes como El Capitán Trueno, Esther, Zipi y Zape o Mortadelo y Filemón eran muy populares, además de muchos otros. En la Biblioteca Federico García Lorca del Instituto Cervantes de Tokio podéis encontrar ejemplares de algunos de los cómics más populares en España.

Paradójicamente, cuando la mayoría de las revistas de historietas cerraron a principios de la década de 1990, aumentó la demanda de cómic americano y manga japonés. En la actualidad, se leen muchos cómics procedentes de Japón. Series como Naruto, Dragon Ball, o Sailor Moon han sido y son muy populares entre los adolescentes, que cada vez tienen más acceso a cómics extranjeros.

Así es. Poco a poco, se ha vuelto a despertar el interés de los jóvenes, y no tan jóvenes, por el mundo de las historietas. De hecho, ¿sabías que una de las mejores tiendas de cómic del mundo está en España? La librería Akira, que toma su nombre del clásico homónimo de Katsuhiro Otomo, y cuenta con un museo en el que exhiben ilustraciones originales de diversos autores, fue reconocida como la mejor del mundo por los premios Eisner en 2012 y es mencionada a veces como la Capilla Sixtina del Cómic.

Inspirados en todas las tendencias del cómic que llegaron a España desde el extranjero, han surgido nuevas figuras que están siendo reconocidas a nivel internacional. Si bien el estilo y los temas que tratan estos nuevos autores son muy distintos a aquellos de décadas anteriores.

Durante el Kaigai Manga Festa, contaremos con la presencia de un representante de esta nueva generación de autores de cómic español. Se trata de Kenny Ruiz, autor de obras como El cazador de rayos, Barcelona y la serie Dos espadas. Kenny, a lo largo de su carrera, ha sido ya galardonado con varios premios en el Salón del cómic de Barcelona.

Pásate por el festival de este año y conoce sus obras. Pásate por nuestra biblioteca y disfruta del cómic español. Puede ser una buena forma de leer y practicar nuestra lengua, sobre todo para los principiantes.

Texto: Elena Alma

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