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Instituto Cervantes de Tokio

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De Japón a España pasando por Acapulco: Breve relato de los orígenes de las relaciones entre España y Japón. Parte 1.

Hasekura orando, tras su conversión al cristianismo en Madrid en 1615.Durante 2018, España y Japón celebran el 150 Aniversario del establecimiento de relaciones diplomáticas. Unas relaciones que se remontan a 1868, año en el que se firmó el Tratado de Amistad, Comercio y Navegación entre ambos países. Sin embargo, la primera embajada japonesa que llegó a España lo hizo mucho antes. Su peripecia se remonta al año 1614, hace algo más de 400 años.

En aquellos no tan lejanos tiempos, los cambios internos que estaba viviendo Japón, el incremento de los intercambios comerciales en el océano Pacífico y los intentos de evangelización cristiana en Japón, invitaban a realizar este tipo de aventuras. Un contexto que, en parte, quedó reflejado en la película Silencio de Martin Scorsese, aunque en esta ocasión los protagonistas fuesen dos jesuitas portugueses.

A comienzos del siglo XVII, Tokugawa Ieyasu ponía fin a años de enfrentamientos entre los diferentes daimyos japoneses, constituyendo un régimen de tipo feudal. Por aquel entonces, el imperio español tenía una importante base comercial en Manila (Filipinas), cuyas corrientes marítimas obligaban a las naves a pasar junto a Japón en los trayectos de vuelta a Nueva España (México). De hecho, en 1609, cuando el Gobernador interino de Filipinas, Don Rodrigo Vivero y Velasco, regresaba desde Manila hacia México, naufragó en la costa de Onjuku. (¿Has oído hablar alguna vez del naufragio de los abrazos?)

Este incidente supuso una oportunidad para entablar relaciones comerciales entre Tokugawa Ieyasu, su hijo Hidetada y el Bákufu (gobierno o administración) con el Virreinato de Nueva España, a través de Don Rodrigo. Ya en esta primera ocasión, fue un franciscano que se encontraba en Japón, fray Luis Sotelo, quién sirvió de intérprete para las negociaciones.

Al mismo tiempo, España preparaba una expedición por orden del Rey Felipe III con la intención de descubrir las legendarias islas de oro y plata al este de Japón. Para ello, el virrey de México enviaba al general Sebastián Vizcaíno, que llegaría a la corte de Edo en 1611. Nuevamente, fue fray Luis Sotelo el intérprete de este encuentro.

Es en este momento cuando se pone en marcha el proyecto de llevar una embajada japonesa hasta Nueva España, España e Italia, con los objetivos de negociar con el propio monarca español los términos de un tratado comercial y, por otro lado, de solicitar al Papa de Roma más apoyo para las misiones evangelizadoras en Japón, aunque este último punto, según los historiadores, parecía responder más a las demandas de fray Sotelo, que a un verdadero interés por parte japonesa.

Tokugawa Ieyasu delegó el comando de esta misión en Date Masumune, señor del feudo norteño de Oshû, que se encargaría de construir la nave para llegar hasta Nueva España y elegiría al samurái Hasekura Rokuyemon Tsunenaga como embajador de la misión. Casualmente, el barco del general Sebastián Vizcaíno, enviado, como decíamos antes, por Felipe III, había sufrido graves daños durante sus viajes de exploración por el archipiélago japonés, por lo que el general tuvo que acceder a colaborar con el proyecto para poder regresar a Nueva España.

Dos años más tarde, en octubre de 1613, el samurái Hasekura Rokuyemon Tsunenaga junto a su comitiva, formada por unos 150 comerciantes japoneses y su traductor, fray Luis Sotelo, y el general Vizcaíno con su tripulación, zarparon rumbo a Acapulco, ciudad a la que arribaron en enero de 1614. Allí, la comitiva japonesa protagonizó, según las crónicas, una considerable trifulca con los españoles que se encontraron, viéndose obligado a intervenir el propio alcalde mayor de la ciudad.

Poco después, a su llegada a la ciudad de México, tendrían que exponer ante el virrey, el arzobispo de México y la Inquisición, los motivos de su viaje hasta España. Tras un tiempo, se les concedió el permiso solicitado para viajar. Así, el samurái Hasekura Rokuyemon Nagatsune, fray Luis Sotelo y 30 hombres más, embarcaron por fin rumbo a España desde el puerto de Veracruz. El resto de la comitiva volvió a Acapulco para esperar su regreso…

Lo que sucedió después, lo sabremos en la segunda parte de este relato.

Texto: Hugo Palacín Jordán

Bibliografía consultada

Gonzalo Jiménez de la Espada, un español en el Japón de la Era Meiji

Cuentos del Japón viejoEn 1907, un intrépido salmantino viajó a Japón junto con su esposa y su hijo recién nacido, tras ser aceptado para una plaza de profesor de español ofrecida por el gobierno japonés. En aquellos años, Japón estaba inmerso en un proceso de transformación y modernización que se había iniciado tras la Restauración Meiji, en 1868. Por ello, el gobierno japonés consideraba fundamental el estudio de las ciencias occidentales y puso especial empeño en contratar profesores europeos.

De esta manera, Gonzalo Jiménez de la Espada, que así se llamaba nuestro protagonista, impartió clases a lo largo de diez años en la Escuela de Lenguas Extranjeras de Tokio (conocida actualmente como la Universidad de Estudios Extranjeros de Tokio – TUFS).

Durante ese período, Jiménez de la Espada contó con varios discípulos japoneses. El entusiasmo de estos estudiantes llevó más tarde a Hirosada Nagata (1885-1973) a iniciar la primera traducción directa del Quijote. En aquel tiempo, ya existían traducciones del Quijote pero estas se habían realizado desde el inglés, el francés y el alemán al japonés. Sus autores eran Shimamura Hōgetsu (1871-1918) y Katagami Noboru (1884-1928).

Hirosada Nagata comenzó esta labor de traducción desde el español, pero solo alcanzó a poner en japonés una parte de la obra. Posteriormente, un discípulo destacado de Nagata, Masatake Takahashi (1908-1984) continuaría esta traducción hasta su finalización en 1977. Así pues, Nagata junto con otro discípulo de Jiménez de la Espada, Shizuo Kasai (1895 – 1989) fueron los precursores del hispanismo en Japón.

Gonzalo Jiménez de la Espada también realizó una importante labor como traductor. En esta faceta, cabe destacar su traducción de la obra de Inazo Nitobe (1862-1933), Bushido: El alma de Japón, (Madrid: Editorial Daniel, 1909), o las traducciones de cuentos tradicionales japoneses recogidos en Cuentos del Japón viejo (Madrid: Langre, 2009) y Leyendas y narraciones japonesas (Madrid: Langre, 2013).

Estos dos libros recogen un total de veinte narraciones tradicionales japonesas que fueron publicadas en 1914 por Takejiro Hasegawa. En estos cuentos, podemos apreciar las costumbres y el carácter japoneses así como la imagen que el Japón de la era Meiji quería transmitir al exterior.

Texto redactado por: Kinue Tsubata Maestre

 

Referencias consultadas:
Baquero Cruz, J. y J. Pazó Espinosa. Epílogo. Cuentos del Viejo Japón. Por Gonzalo Jiménez de la Espada. Madrid: Langre, 2009. III – XV.
http://www.elpulso.es/entrevista-con-jose-pazo/
http://www.elimparcial.es/noticia/38371/mundo/gonzalojimenez-de-la-espada-emisario-cultural-de-primera-categoria

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